Steven: usted ha tomado contacto con las enseñanzas
de Gurdjieff y de otros pensadores. ¿Ha influido esto
en su música?
- Cuando era adolescente leía libros sobre el antiguo
Egipto, la Atlántida, vidas pasadas. Iba a seminarios
para experimentar lo máximo posible. En 1967, cuando
tenía 20 años, leí mis primeros libros
sobre Gurdjieff y Ouspensky y recuerdo haber leído narraciones
increíbles acerca del poder del sonido. Después,
en 1978, vi una película: “Encuentros con Personas
Remarcables”, y allí estaban Brian Weiss y Jean
Houston, de quienes aprendí mucho entonces. Recuerdo
en un taller de Jean, haber estado 4 horas tocando congas sin
parar mientras todos bailaban.
¿Cómo fue tu experiencia de grabar un
álbum con el flautista Paul Horn?
- Con Paul Horn fue extraordinario hacer nuestro disco conjunto
en 1984. Él meditaba un minuto antes de empezar y luego
decía: “Re Menor, sígueme” y entonces
comenzaba a tocar. Así fue cómo hicimos “Connections”.
Luego añadimos percusión y bajo.
Horn fue uno de los primeros artistas en combinar música
con meditación.
¿Es verdad que tú tocaste con músicos
de rock?
- Antes de hacer new age music, iba a los conciertos de Santana,
Frank Zappa, Larry Corryel, Al Dimeola, etc. Y, en algunos casos,
terminé haciendo jams con ellos. A veces, me sentaba
como un espectador más, sacaba mi trompeta y empezaba
a tocar. Entonces ellos me veían y me invitaban a subir
al escenario. Fue aquella una época fantástica.
Nunca he escuchado algo tan mágico y relajante
como la Spectrum Suite. ¿Cómo fue su proceso para
componerla?
- Yo estaba haciendo lo que denominé mi “Balance
Chákrico” desde al año 1969. Muchas veces
pensé en hacer una música de esto pero no fue
hasta diciembre de 1974 en que decidí que debería
intentarlo. Sentí como un llamado interior, como que
tenía una misión que cumplir en la vida y que
esa misión debería empezar en esos momentos con
aquella obra. En 1969 no había estudios de grabación
independientes. Todos pertenecían a las grandes multinacionales
de la música. El casete acababa de inventarse. Sólo
existía la posibilidad del L.P. a través de contratos
con importantes discográficas. Pero en 1974, poco a poco,
empezaron a surgir estos estudios y ya se vendían casetes.
Yo tocaba en vivo y algunas personas llevaban un tiempo pidiéndome
música mía grabada. Sabía que haría
algo importante para mucha gente pero no desde una conciencia
egocéntrica. Yo entré al estudio, ese 4 de enero
de 1975, en un ambiente donde no se respiraba ego. Por allí
no habían pasado músicos exitosos ni gente buscando
la fama. Sólo era un lugar para grabar en calma y sin
presiones. Desde un primer momento supe que algo especial estaba
allí naciendo.
¿Qué buscas o qué quieres lograr
con tu música?
- Para mí es una bendición que mi trabajo sea
realizando esta música. Para ello debo mantenerme ‘afinado’
como persona, a través del yoga, la meditación,
caminando por bosques, en contacto con la naturaleza, etc.
Desde un primer momento he buscado una larga vida para la música
curativa, que fuera como una manifestación de aquella
música terapéutica sobre la que había leído
que se realizaba en el antiguo Egipto, en la Atlántida,
a través de narraciones hechas por Edgar Cayce, Manly
P. Hall, etc.