Ronald. Tú empezaste como músico clásico,
pero luego tuviste un cambio radical en tu búsqueda musical.
¿Qué te consideras? ¿Músico clásico
o étnico?
- Ninguna de las dos cosas. He tenido formación clásica
como oboísta e intérprete de corno inglés.
A los 25 años ya formaba parte de la Halle Orchestra
de Manchester, en la gloriosa época del gran director
Sir John Barbirolli. Pero, al decir verdad, me harté
de la dictadura de las batutas y de la dictadura de las corcheas.
Conocer las investigaciones en sistemas de afinación
y construcción de instrumentos de Harry Partch, amplió
mi perspectiva. Luego, el hecho de viajar y residir temporadas
en Grecia, Bagdad, Palestina, India y España, me ofreció
una visión muy diferente a la que tenía sobre
la música estrictamente occidental. Fue en Turquía
cuando empecé a construir tetracordios y a desarrollar
mis propias escalas, mis propios sistemas de afinación,
que son complejos porque siguen proporciones aritméticas.
No me considero músico étnico. Ese es un término
muy preciso que en la actualidad pretende englobarse en la World
Music y en esas cosas tan buenas que han hecho músicos
como Peter Gabriel pero que a mí no me resultan suficientes
desde el punto de vista cromático o de las afinaciones.
En toda esta línea de la World Music aún persisten
muchos elementos del pop y los ritmos suelen ser aburridos aunque
diseñados para agradar a los occidentales.
Señor Lloyd. Su opinión sobre la música
rock.
- Ha habido un rock en los años 50s y luego el beat
y el pop y más tarde el rock sinfónico junto a
la música electrónica con ritmo o sin él.Me
aburren el rock y el pop británico. Soy inglés
y siento decirlo, pero esas baterías golpeando siempre
igual, esa música sin matices, con el mismo volumen desde
que la canción empieza hasta su final. Faltan espacios,
faltan silencios, falta colorido y sonidos claros. Es un estilo
un poco confuso y alterador. Me gustaban canciones de The Beatles
como Eleanor Rugby y muchas otras de ellos. Pienso que eran
buenos y que aprendieron a hacer música en serio. He
escuchado algo de Yes. Una vez los vi en directo. Su pianista
era muy bueno, pero no me convenció eso de pretender
lo sinfónico de aquella manera. Lo considero impracticable.
Tampoco me gustan todos estos grupos pop cantando con la voz
nasal, intentando sonar como John Lennon. No es necesario cantar
así. Deberían cantar con su voz genuina. Es mejor
cantar mal o desafinar que tocar o cantar forzado. Para resumir
mi respuesta, The Beatles llegaron a ser buenos, Elvis y Buddy
Holly también. Me gustaba las canciones del líder
de The Beach Boys y los arreglos de sus voces pero no recuerdo
su nombre. Hacía trabajos muy interesantes. Respeto a
Peter Gabriel y a Robert Fripp, me gusta el timbre del cantante
de Yes y los primeros trabajos de Genesis; en especial aquel
de Selling England…, las letras de Gabriel eran muy buenas,
muy inglesas. Es un humor que sólo podemos entender nosotros,
pero no he prestado demasiada atención al pop o al rock.
Me gustaron algunos discos de Phil Glass y de Terry Riley.
- En realidad, prefiero escuchar música clásica
occidental o música clásica india o el silencio.
Hay música buenísima que vale la pena descubrir
y conocer.
¿Por qué no has ofrecido más
talleres para enseñar tus enormes conocimientos sobre
escalas, afinaciones, etc.?
- Gracias, por lo de “enormes conocimientos”.
He vivido en Sitges casi 20 años, muy cerca de Barcelona
pero en una época en la que si no mantenías contacto
con los Ayuntamientos o con los partidos políticos, era
muy difícil hacer cosas. Pude aprender español
pero me resultó complicado hablar bien el idioma catalán.
Llegué allí a mis 50 años y estuve hasta
los 70. No fue fácil para mí pero sí muy
grato. He tenido algunos alumnos en unos seminarios que di en
una sala cultural de la Caixa en la Vía Layetana de Barcelona.
Recuerdo haber tenido 6 o 7 alumnos que querían aprender
estas cosas para aplicarlas a su música, como el caso
de Luis Paniagua y otros.
Tus experiencias acompañando a Guillermo Cazenave.
- Hemos viajado y tocado juntos a lo largo de más de
15 años por España, Francia, Inglaterra, Estados
Unidos y México. Para mí, sintiendo un rechazo
inicial hacia la new age music y hacia mucha música electrónica,
fue muy gratificante descubrir con Guillermo las posibilidades
inmensas que tienen los teclados, los efectos y los nuevos sistemas
de grabación. Su música es diferente y cuando
formó su grupo La Nave, tocaba oboe, corno inglés,
percusión y algo de teclados. Fue un buen entrenamiento,
un buen aprendizaje para mí tocar con Guillermo, así
como con el grupo catalán Vol Ad Libitum y conocer a
Gabriel Brnzic, el músico chileno que organiza los ciclos
de electroacústica de la Fundación Miró
de Barcelona.
¿Publicará algún día su
libro sobre Música Enarmónica y sobre sus viajes
por Oriente?
- Estoy en ello. Soy muy vago pero suelo dar largos paseos
por el campo, bordeando el río, aquí en Surrey,
muy cerca de Godalming. Vivo en una zona privilegiada. He escrito
bastante pero aún me queda mucho para completar mi libro,
que serán dos libros: uno sobre música y otro
de mis memorias y experiencias viajando por el mundo y aprendiendo
arte y filosofía de culturas tan distintas.